Brasil: El pueblo Xipaya

Publicado el 19 de junio de 2020

Juma Xipaya, cacique de la aldea de Tukamã. Foto: Rafael Salazar https://medium.com/hist%C3%B3rias-socioambientais/eu-vivo-da-floresta-2cbcf526f242

Pueblo indígena de Brasil que vive en el estado de Pará.

Desde el siglo XVII, han sido perseguidos por los colonizadores y obligados a trabajar en la industria extractiva. Se asentaron en la misión de Tauaquara, en la zona donde luego creció la ciudad de Altamira, y siempre han sido marginados en sus derechos indígenas. Hoy están repartidos por esta ciudad y por los pueblos de la T.I. donde luchan por sus derechos territoriales y de ciudadanía.

Población: 173 personas (2014)

El nombre

Xipaya está relacionado con el nombre de un tipo de bambú utilizado para la fabricación de flechas. Las características de esta planta, de tallo fuerte, suave y de vegetación salvaje, se comparan con los atributos que este grupo cree tener.

Lengua: Xipaya de la familia lingüística juruna del tronco tupí.

Una tesis doctoral estudió esta lengua: Estudio morfosintáctico de la lengua xipaya de la profesora Carmen Lúcia Rodrigues.

Hoy en día, muchos xipayas hablan portugués y sólo algunos de los ancianos que viven en Altamira conocen el idioma pero no lo hablan.

Ubicación y tierras indígenas

En la T.I. se encuentra el pueblo de Tukamã y tres pequeñas comunidades Nova Olinda (la más antigua), Remanso y São Geraldo.

La aldea tiene una forma circular, siguiendo el modelo tomado de los Mebengokrê durante sus años de vida comunal. En el centro hay una casa de reuniones, un campo de fútbol, las residencias y la escuela. Fuera del círculo hay una enfermería, el pozo artesiano, el jardín comunitario y en el patio árboles frutales, verduras y plantas medicinales.

  • T.I Xipaya – 178.724 hectáreas, 173 personas, reserva registrada en el estado de Pará. Ciudad: Altamira

altamira para Por Raphael Lorenzeto de Abreu – Image:Para MesoMicroMunicip.svg, own work, CC BY 2.5, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1150224

El mayor número de Xipaya vive en la ciudad de Altamira, resultado de la misión de Tauaquara fundada por los jesuitas y de diferentes períodos migratorios motivados por la huida de los conflictos en los ríos Iriri y Curuá, las enfermedades y los matrimonios con no indígenas.

En la ciudad, el parentesco con los kuruaya es más evidente debido a la facilidad para visitarlos y reunirse para bailar. La población Xipaya en Altamira corresponde al 44% de la población indígena.

En 2003 en Volta Grande do Xingu había dos comunidades Xipaya, Jurucuá y Boa Vista.

Bairro de São Sebastião, em Altamira. Foto: Marlinda Melo Patrício, 1999.

Medio ambiente y actividades productivas

El clima de la región donde se encuentra la T.I Xipaya es equivalente al de la selva tropical con lluvias monzónicas, una corta estación seca con menos de 60 mm de precipitaciones durante el mes seco, pero la humedad está presente y es suficiente para desarrollar una exuberante vegetación forestal. La temperatura media es de 25°C.

La agricultura y la ganadería en los campos y jardines son su medio de vida.

Las plantas frutales cultivadas son: cupuaçu (theobroma grandiflorum), aguacate, limón, mandarina, roucou, lima, naranja, mango, jackfruit, jambo (syzygium jambos), bacaba (oenocarpus bacaba), café, piña, papaya, ñame, caña de azúcar.

fruta jamrosat, jambo Por Forest & Kim Starr, CC BY 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=6196849

Crían pollos y patos para el consumo y el comercio.

Los cultivos se realizan en zonas de capoieras (bosque cortado o repoblado) con la tala de árboles en una parcela forestal en junio/julio, la quema en agosto/octubre, la nueva tala y la quema en noviembre, la limpieza y el inicio de la plantación hacia diciembre.

La recolección de productos vegetales es importante: madera (construcción de casas, muebles), lianas (cestería), plantas medicinales, frutos, palmitos.

La artesanía incluye objetos utilitarios, armas de caza, utensilios domésticos y cestería.

La arcilla blanda de su región se recoge para cubrir las estufas de madera o los suelos de las casas, para hacer tejas o ladrillos.

La caza se realiza con escopeta, a pie y al acecho, individualmente o en grupo. El 24 de diciembre se celebra un festival de caza, que es una fiesta famosa.

Después de pasar un mes en la selva cazando tapires, tortugas o pecaríes, la comunidad se reúne y prepara mucha comida, invitando a la fiesta a sus vecinos y parientes kuruaya.

Las especies más populares para cazar son: ciervos, tapires, pecaríes, pacas, ciervos de mazama. El mono no es apreciado porque creen que su carne puede transmitir enfermedades. La tortuga tracajá se captura sumergiéndose en el río.

Pesca

Es una actividad fundamental que se practica durante todo el año en el río Iriri, que es un río lleno de peces. Las especies que más aprecian son los peces con escamas: tucunaré, piraña, matrinxá, piau, pacu branco, pacu caranã. No comen pescado azul.

tucunaré Por Przemek Pietrak – https://globalquiz.org/de/Illustration-des-quiz/kammbuntbarsch/, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=69796629

La pesca es una actividad practicada por hombres y mujeres, con líneas, arcos y flechas, y diferentes redes.

Otros recursos proceden de la comercialización de arroz, plátanos, pollos, aceite de coco, nueces de Brasil y pescado. No venden a los regatões que navegan por los ríos amazónicos como intermediarios, sino que utilizan sus propios barcos.

Fuente: pib.socioambiental.org

Perspectivas

 Los Xipaya de hoy, después de tantas migraciones y hogares inciertos, pueden pensar en un territorio para el futuro de sus hijos y su reproducción cultural. El informe circunstancial sobre la identificación y demarcación del territorio indígena Xipaya no ha sido impugnado. Tras la orden del presidente de la Funai aprobando el documento, están a la espera de la orden declarativa del ministro y la posterior salida de la convocatoria pública para el deslinde. La creación de la Asociación Arikafu ha sido el vehículo legal utilizado por los Xipaya para establecer relaciones con la sociedad local y los organismos gubernamentales y no gubernamentales.

En cuanto a la situación de los Xipaya en la ciudad, sus derechos se están haciendo realidad poco a poco. La Asociación de Indígenas Residentes en Altamira (AIMA) ha abierto un espacio para una mayor visibilidad de temas que antes eran ignorados. Hoy en día, tratan sus problemas con las instituciones y la FUNASA se ocupa de ellos, como reconoce el actual ayuntamiento, pero aún no ha elaborado un programa de trabajo para mejorar sus condiciones de vida. La FUNAI, por su parte, conocía la existencia de los Xipaya en Altamira, pero no la consideró. En el contexto urbano, los derechos se fusionan y se confunden con los derechos de los ciudadanos no indígenas. En la actualidad, la institución ha abordado el tema con más atención.

Perspectivas: Traducción de un extracto del artículo sobre el pueblo Xiapaya de pib.socioambiental.org

Historia del contacto

Publicado el 17 de junio de 2020

https://www.facebook.com/povosindigenas/photos/%C3%ADndios-xipayaos-xipayas-comp%C3%B5em-uma-etnia-ind%C3%ADgena-brasileira-que-habita-o-estad/1786932818190599/

Historia de la ocupación y el contacto

Nimuendajú (1948:219) menciona la hipótesis de que los Xipaya vinieron del curso superior del río Xingu. La excelencia de la navegación y la construcción de los ubás les permitió atravesar los tortuosos caminos del río y llegar a sus afluentes de la margen derecha, el Iriri y el Curuá. Las primeras ocupaciones nacionales en el bajo Amazonas y en la desembocadura del Xingu se produjeron en torno a 1600 y fueron llevadas a cabo por holandeses, irlandeses e ingleses, que fundaron varios sistemas feudales.

Los holandeses se apoderaron de las fértiles riberas del Xingu, plantaron caña de azúcar y construyeron un fuerte en su desembocadura, cerca de las aldeas de Mariocese. En 1620, los portugueses destruyeron estas posiciones con expediciones dirigidas por Pedro Teixeira y otros exploradores. Los Xipaya lograron resistir por un tiempo considerable, afortunadamente no contaban con otros grupos étnicos que vivían en el área de los ríos Iriri/Curuá/Xingu, como los Kuruaya que fueron alcanzados pocos años después de la ocupación del bajo Amazonas, alrededor de 1685.

Desde el siglo XVII, los Xipaya son mencionados en la literatura antropológica, en los escritos de sacerdotes, viajeros, científicos y presidentes de la provincia de Pará. La primera acción de un contacto más prolongado fue la llegada del Padre Roque Hunderfund a la región con su incursión en el Xingu y sus afluentes, en el trabajo catequético y la formación misionera. La llegada de Hunderfund en 1750 es un hito en la etnohistoria de los pueblos que vivían en la región de los ríos mencionados. La formación de la misión de Tavaquara o Tauaquara en las orillas del Xingu, cerca de lo que sería la ciudad de Altamira en Pará, promovió la primera división espacial y sociocultural que involucró a los Xipaya, Kuruaya, Juruna y algunos Arara.

 El informe del Presidente de la Provincia de Pará, Francisco Araújo Brusque (1863), reconoce la precaria situación de los indios y menciona la región del Xingu y sus habitantes. El informe revela el precario conocimiento de la región y que el aspecto físico de los indios pesa en la definición de su carácter:

Trece son las tribus salvajes que viven en los pueblos, quizás los más fértiles de esta provincia: Juruna, Tucunapenas, Juaicipoia, Urupaya, Curiaias, Peopaias, Taua-Tapuiara, Tapuia-eretê, Carajá-mirim, Carajá-Pouis, Arara, Tapaiunas. Para destacar el grupo étnico en cuestión, los Juacipaias, se resume esta tribu que actualmente está formada por sesenta individuos. Se dividen en pequeños grupos que viven en cuatro tiendas de campaña, situadas en las islas que existen en el mencionado Río Iriri. Obedecen a una tuchána llamada Vacumé y tienen la misma risa y costumbres de los indios juruna, a los que se parecen mucho, pero son más indolentes y deformes…

Algunas expediciones de exploración en el Xingu, como la de Karl von den Steinen (1841), la del Príncipe Adalberto de Prusia (1849) y la de Henry Coudreau, que también llegó al Río Tapajós (1895-96), mencionan la presencia de los Xipaya y Kuruaya en la región.

Entre 1910 y 1913, Emilia Snethlage, jefa de la sección de zoología del Museo Emílio Goeldi de Pará (MPEG), realizó expediciones a la región del Xingu. La investigadora tuvo como informantes a los Xipaya y a los Kuruaya, lo que permitió actualizar los conocimientos sobre la situación de contacto en la que se encontraban los dos grupos.

El etnógrafo Curt Nimuendajú visitó durante tres años y medio los ríos Xingu, Iriri y Curuá y observó la situación de contacto en la que vivían los grupos indígenas. Los documentos escritos por él indican que los Xipaya formaban parte de un gran número de grupos étnicos que vivían en el Xingu inferior y medio, como los Juruna, los Arupaí (extinguidos), los Tucunyapé (extinguidos), los Kuruaya, los Arara y los Asuriní. Dominan los ríos Iriri y Curuá, mientras intentan detener el avance de los Mebengokre (Kayapó), los Carajá y el frente Sinhalista.

Las etnias de esta región han sido clasificadas por Nimuendajú (1948:213) en tres grupos, utilizando como criterio las características geográficas: los grupos canoeros, limitados al río Xingu, Iriri y Curuá (Arupaí, Xipaya y Juruna), los grupos que viven en la selva central (Kuruaya Arara, Asuriní y Tucunyapé) y el grupo de la sabana (Mebengokre).

La ocupación de la región y el contacto de los Xipaya con la sociedad nacional, alrededor de 1880, mostró que había una compresión de los grupos étnicos en el Xingu, Iriri y Curuá. La entrada de los Mebengokre hacia la desembocadura del Xingu, el movimiento de expansión hacia el este de los Munduruku y el oeste de los Carajá, se completaron en el siglo XIX con la presencia del frente cauchero, que entró por la desembocadura del Amazonas y remontó el Xingu, navegando por sus afluentes, provocando varios encuentros de diferentes intensidades, cerrando el cerco en torno a los grupos que habitaban esta región.

Dos puntos son importantes a considerar con el contacto: el desplazamiento de los Xipaya a lugares determinados por el dueño de la plantación de caucho y la asimilación forzada de la organización social de la sociedad regional, al pasar a formar parte de la rutina que movía la economía local.

La expansión de grupos como los Mebengokre y los Karajá continuó en paralelo con el crecimiento del negocio del caucho y la regulación de la mano de obra para el trabajo en las industrias del caucho y los frutos secos. Más tarde, cuando estos productos empezaron a tener poco valor en el mercado, la actividad de comercio de pieles llevada a cabo por la puerta comenzó a ser ampliamente aceptada. Esta actividad requería un conocimiento de la zona, tanto de la fauna como de la flora, que sólo los indios poseían y el colonizador no midió los esfuerzos para mantenerlos esclavizados. Las fuerzas opositoras de la región fueron capaces tanto de forjar tenues alianzas como de destruirlas. Para sobrevivir, los viejos y nuevos enemigos se organizaron según la situación. Así, Xipaya, Kuruáya y Mebengokre, antaño enemigos, se ven poco a poco obligados a convivir para salvaguardar su integridad física.

Alrededor de 1885, los Xipaya fueron incitados por los Mebengokre a retirarse al picudo de Barbados, una localidad del río Curuá, que abandonaron hacia 1913 tras un sangriento encuentro con los caucheros. Más tarde, en respuesta al interés de los patrones del caucho, hubo una nueva división y algunos Xipaya fueron llevados al bajo río Iriri y otros al río Curuá. En sus escritos, Snethlage (1920b:395) menciona:

En la época en que estuve allí, los chipaya vivían un poco más arriba del pueblo de Santa Julia [en el río Iriri], mientras que antes los indios que estaban al servicio de Accioly vivían más abajo de Santa Julia… también se encontraban en casi todos los asentamientos en las cercanías del río Iriri, así como en el bajo Curuá… El número de habitantes Chipaya y sus descendientes no parece haber sido tan alto durante mucho tiempo, y en los últimos años ha disminuido aún más, debido principalmente a la entrada de indios al servicio del colonizador… Se estima que todavía hay algunos cientos de indios en proceso de transformación, de los propios indios a los indios domesticados. Estas personas sobreviven con la caza y la pesca, y algunas trabajan como piragüistas. Sólo una minoría sobrevive extrayendo el látex de la jeringa. Cuando esto ocurre, lo hacen por pura necesidad, para poder permitirse productos que hay que comprar y no sacar del bosque o de los ríos.

Snetlhage estimó que, hacia 1918, los Xipaya contaban con unas 80 personas. Nimuendajú estimó que alrededor de 1920 había 30 individuos dispersos en muchos lugares, como Largo do Mutum y Pedra do Capim, en el río Iriri, mezclados con los pocos kuruaya que quedaban.

Hacia 1940-50, los Xipaya experimentaron una nueva redistribución de su población. Durante este período, los contactos, las enfermedades, las muertes, los matrimonios entre Xipaya, Kuruaya, Juruna y los nordestinos que habían llegado a la región como « soldados del caucho » ya habían dado un nuevo perfil a la región. Los sucesivos cambios forzados y la dispersión del grupo dieron lugar a la idea de que los Xipaya habían desaparecido como grupo étnico.

En la década de 1970, los Xipaya lanzaron un movimiento que llevó a la unificación del grupo y a la conquista de su antiguo territorio por parte de la familia de Tereza Xipaya de Carvalho -casada con un agricultor del noreste desde 1951, con el que tuvo 22 hijos-, se reconstruyó la aldea del río Iriri. Luego vivieron durante algún tiempo en los asentamientos agrícolas cercanos a la ciudad de Altamira, y después se trasladaron a São Félix do Xingu con todos los hijos y sus respectivas familias. Debido a una serie de problemas con los blancos del pueblo, se fueron a vivir con los Mebengokre. Por invitación de su jefe, el coronel Tutu Pombo, trabajaron como agricultores durante cinco años, según recuerdan los Xipaya:

‘Vivimos en el Kriketum con los Kayapó. Tutu Pombo era el encargado del pueblo, siempre decía que teníamos tierras en Iriri. No nos quedamos en el mismo pueblo, hicimos uno más alejado, pero los kayapó iban allí a molestarnos [a las niñas], cuando crecimos nos fuimos más lejos, sólo podíamos ir en bicicleta. Un segundo grupo se alojó en la ciudad de Tucumã, cerca de Ourilândia, un tercer grupo vivió en el pueblo de Gorotire y un cuarto grupo vivió en la ciudad de Redenção. Entonces se decidió que todos irían a Tucumã. Nos instalamos allí y nos quedamos juntos. A partir de ahí se decidió que viviríamos en la aldea de Cajueiro, ya que el administrador de la FUNAI en Altamira nos había informado de que la tierra indígena de Curuá estaba reservada a los Kuruaya y los Xipaya y que había minas de oro por explorar. Fletamos un autobús a Altamira con diez familias y nos unimos a las tres familias de allí. Continuamos nuestro viaje hasta la aldea de Cajueiro en un barco llamado « Mão Divina » (Mano Divina), pero cuando llegamos todos cogimos malaria y volvimos a Altamira, eso fue en 1991. Cuando nos recuperamos, algunos nos quedamos en Altamira y el resto consiguió vivir un año en Cajueiro. En 1993 fuimos a Iriri, donde decidimos luchar por nuestra propia tierra » (entrevista realizada en abril/00).

La llegada al río Iriri y la reorganización de la comunidad marcan un nuevo momento en la vida de los Xipaya. Tras dos siglos de contactos y migraciones forzadas, han conseguido volver a su antiguo hogar. La primera solicitud a la FUNAI se presentó en 1995; el grupo de trabajo para el estudio detallado de identificación y delimitación se creó en 1999.

Traduction caro d’un extrait de l’article sur le peuple Xipaya du site PIB socioambiantal.org

El artículo en francés Le peuple Xipaya

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